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TINA MODOTTI por Claudia Hermosilla

“Soy sólo una fotógrafa”

Con esta frase, aparentemente tan simple se describe Tina Modotti, fotógrafa italiana (1896-1942) que emigró hacia el nuevo mundo dejando atrás la pobreza y la guerra que hasta ese momento había vivido ella y los suyos. Nacida en Udine, viaja a los Estados Unidos, en 1913, junto a su familia en busca del tan “añorado” y no tenido progreso. Este continente nuevo se convertiría más adelante en el escenario de su movida vida, llena de ideales, enfrentamientos interiores, entrega al arte y al comunismo.

Su primer contacto con la bohemia intelectual y el arte lo tuvo gracias a su primer esposo, Roubaix de l`Abri, quien la llevaría a recorrer San Francisco y a descubrir su sensibilidad. En esta época Tina deja de ser una simple obrera de fábrica para convertirse en una actriz medianamente conocida en el cine mudo dejando como testimonio de sus representaciones tres películas: Tiger`s Coat, Riding with death y I can explain. Pero cansada de percibirse como un objeto se retira del cine para apostar por una aventura tanto amorosa como artística. Por esa época su esposo se encontraba en México y ella retirada de su antiguo trabajo consigue uno nuevo como asistente y discípula de uno de los grandes fotógrafos americanos del siglo XX: Edward Weston. Para ese momento la química ya había hecho explosión convirtiendo a maestro y pupila en amantes. Su esposo muere de Viruela en México y ella aprovecha la ocasión como excusa para viajar con Weston y el hijo mayor de este por ese país.

La fascinación que les produjo la nueva tierra hizo que ambos se consagraran a la fotografía. En ese recorrido por el México profundo fue donde Tina aprendió el oficio de una manera perfecta, esperando el momento ideal, la luz adecuada para disparar. Edward y Tina esperaban horas para conseguir la composición perfecta.

Luego de sus correrías por todo el país, la pareja sienta sus bases en la capital siendo esto todo un acontecimiento para la sociedad mexicana (caracterizada por el machismo extremo y un sentido conservador y puritano de la existencia) que no estaba acostumbrada a ver parejas desnudas en las azoteas de sus casas. Tina fue la modelo de Weston durante algún tiempo y esto despertó el moralismo de la sociedad tachando a la fotógrafa de concubina y prostituta.

Sin embargo, el amor de Weston y Modotti no fue duradero. Tras el recorrido por las entrañas mexicanas en cada uno crecía calladamente un proyecto de vida diferente y el amor disminuía. Así pues, Weston regresa a California y Tina se queda sola, con la reputación por el suelo, en este país que la había cautivado por completo. Entonces decide volcarse al partido comunista conmovida por la realidad del pueblo.

Pero su iniciación dentro del comunismo se debe en gran parte a Xavier Guerrero, pintor olmeca muy importante, y también su próximo amante, quien la introduce en el mundo de la política y la convierte en una fervorosa y sincera marxista estalinista. En el partido Tina se rodea de antiguos y nuevos amigos: pintores, escritores, poetas y humanistas convencidos de la causa. Su mayor contribución al comunismo fueron los foto reportajes para el diario “El Machete”, el periódico de los comunistas.

Mientras esto ocurría su amante, Xavier Guerrero, viajó a Moscú y le aseguró a Tina que enviaría por ella cuando reuniera el dinero suficiente para reencontrarse en esa ciudad. El tiempo corría, el dinero no llegaba y en la espera conoce a Julio Antonio Mella, líder estudiantil cubano, quien llegó al país como exilado. Este joven de carácter especial, poco dócil, muy libre, que se rebelaba contra las directivas del Partido Comunista si era necesario para defender sus ideas causó una impresión muy profunda en Tina y más adelante esta admiración se convirtió en una pasión mutua indescriptible.

Esta relación de apenas tres meses, que sería la más importante en la vida de la fotógrafa, se ve apagada toscamente con el asesinato de Mella condenado a muerte por el dictador Gerardo Machado. A todo el dolor producido por la muerte de Julio Mella, se suma el bochornoso escándalo en el que fue implicada, ya que el gobierno mexicano -cómplice del asesinato- encontró un blanco muy fácil en esta mujer libre y comunista. La salvó Diego Rivera que puso las cosas en orden.

Durante ese funesto año Tina se dedicó íntegramente a la fotografía y al Socorro Rojo (una rama del partido comunista) y en diciembre fue invitada a presentar sus trabajos en la Biblioteca Nacional. Durante los meses posteriores se dedicó a realizar un extenso reportaje fotográfico sobre la región de Tehuantepec.

Poco después de su exposición, ocurre un intento fallido de asesinato al presidente electo: Pascual Ortiz Rubio. Sin ningún remordimiento el gobierno le cobra la venganza pendiente a Modotti y acusada de terrorista, fue expulsada de México en 1930. Exactamente un año después del asesinato de Mella.

Le dieron dos días, tiempo suficiente para arreglar sus cosas y emigrar de nuevo a Europa. Tina parte a Alemania, sola, y comienza un recorrido en medio de países ahora para ella desconocidos y que estaban viviendo situaciones políticas y sociales críticas haciéndola sentirse incómoda, vacía. De este período existen fotografías de tono satírico en Alemania.

Más adelante viaja a Moscú fanatizada por el comunismo donde se reencuentra con Vitorio Vidali (el conocido comandante Carlos) un italiano de fuerte personalidad que había conocido en el Socorro Rojo de México y que asumió el deber solidario de acompañarla en su exilio forzoso. Siguieron juntos hasta el final, -luego él se convertiría en su esposo- más por una impostergable necesidad de apoyo que por un auténtico amor.

Vitorio Vidali era un marxista de primer nivel y gracias a esto Tina se convirtió en una agente secreta del Socorro Rojo Internacional lo que dificulta conocer a ciencia cierta sus pasos durante esos años por Europa. La causa política, la convicción de consagración a ayudar a sus camaradas en peligro son hechos que conducen a Tina a abandonar la fotografía, así lo ratifica la curadora mexicana Elisa Solano Alvarez:“ Si bien en México se desarrollaba ya una tradición muy fuerte del foto reportaje, no existía la combinación de la fotografía de autor y la de carácter social. En Modotti confluyen estos dos aspectos. Está la escuela de Weston y también el compromiso social. Una de las explicaciones del por qué dejó la fotografía está en su mayor participación como militante socialista.”

En 1934 partió a España junto con Vidali para participar activamente en la Guerra Civil del lado de las Brigadas Internacionales, del bando republicano, y después de la rebelión militar se alistó al Quinto Regimiento como enfermera jefe en un Hospital de Madrid, bajo el seudónimo de María trabando allí hasta el fin de la guerra.

Luego de estos años atroces y duros Tina y Vitorio deciden regresar a México donde continuó con su actividad política a través de la Alianza Antifascista Giuseppe Garibaldi. Sin embargo, la vida de Tina durante estos años es muy triste, pues su marido un tanto egoísta y exacerbadamente comprometido con el partido no le brinda demasiada atención. A sus amigos trata de no frecuentarlos para no causarles problemas. Fuma, le duele el corazón, está afeada ya no se reconoce. Un día luego de una cena en la casa de un arquitecto amigo suyo llamado Hannes Mayer, después de tomar el taxi que la llevaría a casa muere de un ataque cardíaco, en silencio, sin molestar a nadie.

Respecto a su muerte corren otros rumores, el más sonado de todos es que al salir de la casa de Hannes Mayer fue abatida a balazos en el taxi y el hecho fue explicado como un ajuste de cuentas entre facciones comunistas.

Inquietud por las formas

Hablar del trabajo fotográfico de Tina Modotti significa abarcar un amplio desarrollo marcado por cambios sustanciales dentro de su vida. Inicialmente sus fotografías mostraban una preocupación estética profunda indagando en formas y composiciones casi perfectas. De este período que va de 1923 a 1925 pueden observarse fotos con contenidos geométricos explícitos, pero donde se descubre un sentido de lo surreal.

Sin lugar a dudas, Modotti estuvo muy influenciada por los movimientos del arte plástico de México y Europa lo que la llevaría a la experimentación, como se evidencia en “Wine Glass” (copas) de 1924. Esta fotografía fue considerada por ella como un “experimento relativo a las formas” ya que a través de una doble exposición del objeto fotografiado (cinco copas de diferentes tamaños iluminadas profusamente) logra un efecto deslumbrante donde los bordes intersectados y brillantes -un juego de reflejos- parecen flotar dándole al conjunto una sensación de belleza, libertad e irrealidad típico de la sobriedad estética de Modotti.

Otro pequeño conjunto está representado por obras ligeramente posteriores. Cada fotografía es una flor suspendida contra un fondo oscuro, tomada a una escala inusual lo que provoca sensaciones oníricas. Claro ejemplo de este período es el claroscuro de la bella fotografía de “Calla Lilies” de 1925.

Y justamente dentro de ese conjunto luce una de las obras más célebres de Tina: Las Rosas. Una de sus imágenes más amorosas y conmovedoras. Rosas con pétalos mullidos, apretados, casi decadentes, que transmiten una cualidad táctil aterciopelada, sensual, perturbadora. Esta fotografía es un “memento morí” en que las flores marchitas simbolizan mortalidad y un mensaje de amor. Entregado en delicadas variaciones de negro y grises, la delicadeza de los pétalos de rosa lucen casi espectrales. Estas rosas son muy Tina. Ellas fácilmente pudieron ser vistas como un símbolo seductor, evanescente e inquietante de la vida de Modotti, que ella condujo con excedida gracia.

El retrato de un país que habla

Es innegable que el trabajo de Tina Modotti fue configurado por las condiciones sociales y la turbulenta historia desplegada a su alrededor. Convencida de la labor social de la fotografía, muchas veces se opondría al dictamen de Weston: “El arte por la estética del arte”.

Podría decirse que el trabajo realizado en esta época por Modotti tendría dos puntos importantes de análisis: el compromiso con el nuevo orden social sustentado en la promesa de la revolución mexicana y reflejado en las fotos documentales de obreros, niños y mujeres; y el otro más personal, más elaborado y sobretodo profundamente icónico.

Sin lugar a dudas el conjunto más numeroso de fotos es el que muestra al pueblo, el factor humano como protagonista de sus imágenes. Obreros, lectores de “El Machete”, niñitos indígenas amamantándose, las manos sarmentosas de un campesino viejo, figuras de trabajadores cargando plátanos, acarreando vigas, majestuosas mujeres juchitecas, una inmensa variedad de tipos de hermosas mujeres tehuanas, manos rudas lavando ropa blanca en ásperas piedras y niños en medio de la miseria de la capital.

Posiblemente este compendio de fotos era el que más apreciaba Tina porque le parecía el más veraz, el comprometido socialmente. Fotografías que nos hablan del espíritu de esta fotógrafa de los años 20 que supo retratar al México de esa época no sólo con un alto sentido de lo social, que brilla por la estética expresada en el sencillo pero significativo fenómeno de la vida diaria, sino que son realmente piezas de un invaluable sentido artístico, imágenes de primer nivel, aunque ella no quisiera reconocerlo.

Sólo se necesita observar su obra para contemplar este hecho: El encuadre es siempre muy pensado, la distribución compositiva es armónica y de raíz geométrica, las luces y las sombras están cuidadosamente balanceadas, la observación cuidadosa y detenida de los personajes que llamaban su atención le otorgan a su trabajo un gran respeto por la honradez en el oficio, y demuestra su exquisita comprensión para manejar a las gentes y los detalles plásticos implícitos en sus fotografías.

Claudia Hermosilla

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